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Por: Mary Burgoon, Market Development Manager, CPG Industry, Rockwell Automation

Si su reloj es capaz de monitorizar el ejercicio que hace en tiempo real, ¿por qué no podemos hacer algo similar con el consumo energético empleado en la fabricación?

La verdad es que sí podemos.

Si mira a su alrededor descubrirá a mucha gente luciendo en sus muñecas pulseras de actividad como Fitbit. Estos dispositivos, aparentemente simples, facilitan el seguimiento de las calorías, de la actividad física y del sueño, son capaces de sincronizar las estadísticas, muestran visualmente los datos, detectan tendencias y, con suerte, le pueden ayudar a alcanzar sus objetivos.

Se trata de un concepto familiar: se gestiona mucho mejor lo que somos capaces de medir y de visualizar. Puesto que le hacen más consciente de lo que sucede, gracias a estos monitores puede ajustar su rendimiento –comiendo menos y caminando más, por ejemplo–.

Antes de que existieran estos dispositivos, era necesario registrar de forma manual diferentes variables, un trabajo que requería mucho tiempo y que, en el mejor de los casos, ni era coherente ni se podía visualizar. La gente tenía que tomar sus decisiones sin contar con demasiados datos; tal vez solo basándose en su peso según una escala y en los pasos que daba al día medidos con un podómetro, sin medidas detalladas.

La tecnología ha llegado a tal punto que las personas pueden gestionar de forma activa su salud gracias a que disponen en tiempo real de sus datos, lo que les permite tomar mejores decisiones. Pues bien, la misma idea puede aplicarse al uso que hacen las empresas de su energía.

El creciente precio de la energía está afectando a la salud financiera de las organizaciones y, sin embargo, muchos usuarios no cuentan con datos de consumo energético que puedan relacionar con sus procesos de producción.

La mayoría debe realizar el seguimiento a partir de los datos de la red eléctrica, algo similar a tomarse la temperatura para saber cómo estamos de salud. Las facturas de las empresas de suministro proporcionan datos cuya antigüedad está entre 30 y 45 días, esto es, datos que no son en tiempo real ni con el nivel de detalle necesario para reducir el consumo energético.

No obstante, gracias a los avances tecnológicos en fabricación, similares a los FitBit para las personas, ahora sí es posible obtener una perspectiva del consumo energético en términos de producto fabricado: kilovatios por litro, por ejemplo.

Hoy en día los dispositivos y los equipos pueden informar del consumo energético de forma similar a como las pulseras de actividad informan de los pasos, las horas de sueño y las calorías. De este modo, los fabricantes pueden visualizar fácilmente el rendimiento energético, detectar tendencias, hacer ajustes y tomar decisiones que les ahorren dinero y energía.

En lugar de andar enredando con potenciómetros para ahorrar unos céntimos, ahora puede utilizar nuevos métodos y acceder a los datos sobre consumo energético que pueden recolectar sus sistemas de automatización actuales.

Y sin tener que aumentar la calidad de su alimentación eléctrica. Tan solo tendrá que implicar a la gente encargada de lidiar con la eficiencia a diario: los equipos de asistencia técnica para la fabricación.

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