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Fuente: euautomation

En 1984, Charles Hull inventó la primera impresora en 3D, que usaba la estereolitografía para crear un producto de plástico capa por capa. Más de 35 años después, la fabricación aditiva (FA) está influyendo drásticamente en una serie de industrias, que van desde la fabricación hasta el sector médico. Pero ¿qué limitaciones tiene esa tecnología?

En algunas aplicaciones, la fabricación de componentes está pasando de los métodos de mecanizado sustractivo tradicionales a las técnicas de fabricación aditiva. La expansión de las aplicaciones de FA está provocando que los fabricantes valoren la viabilidad de emplear esta tecnología en sus propias instalaciones. Para ello, deben plantearse ciertas consideraciones antes de inclinarse por la tecnología en 3D.

Calidad, no cantidad

La calidad es un factor primordial al pasar de un método de fabricación a otro, especialmente en sectores muy regulados como el aeroespacial o el de los dispositivos médicos. De hecho, la calidad ha constituido uno de los mayores obstáculos para la adopción generalizada de la fabricación aditiva. Otro factor fundamental es que la calidad y la uniformidad deben ser iguales de una máquina a otra, sin importar la ubicación.

La fusión de lecho de polvo es uno de los métodos de fabricación aditiva más utilizados, aunque conlleva el riesgo de introducir defectos. No obstante, si el proceso sostiene un gradiente térmico constante puede prevenir la deformación del producto, lo que evita la introducción de los correspondientes defectos inducidos debida a temperaturas incorrectas. Otra preocupación es que el polvo sin sinterizar se degrade como consecuencia de la exposición al calor y que esto repercuta en la calidad, aunque un cambio de polvo periódico puede evitar que esto se convierta en un problema.

A la hora de invertir en un sistema de fabricación aditiva, los fabricantes pueden superar los problemas de calidad trabajando con un socio con experiencia que ofrezca formación y soporte sobre las mejores prácticas. Quienes deseen invertir en piezas de fabricación aditiva producidas por terceros deben ser conscientes del enfoque de su proveedor respecto a la calidad, a fin de garantizar que lo que compren cumpla las especificaciones.

El material perfecto

Los polímeros, la cerámica y los metales pueden imprimirse en 3D, aunque la impresión en 3D en plástico sigue siendo la más popular. Si bien es factible imprimir numerosos materiales, algunos son más adecuados para el proceso que otros, por lo que elegir el material incorrecto también repercutirá en la calidad. Si está fabricando un producto con un material no adecuado para la fabricación aditiva, puede que tenga que replantearse sus opciones, y bien cambiar el material u optar por un proceso sustractivo.

En última instancia, desde el punto de vista económico, no suele tener sentido cambiar a la fabricación aditiva desde un proceso de fabricación convencional, a menos que la fabricación aditiva ofrezca ventajas significativas a la aplicación, como puede ser hacerla más ligera. No obstante, si su diseño es sumamente complejo y va a requerir herramientas adaptadas de gran coste, la fabricación aditiva puede ser una opción más adecuada.

La fabricación aditiva es una tecnología fantástica que ha aportado gran libertad de diseño a numerosas aplicaciones. Sin embargo, no es un método que sirva para todo. Las empresas deben estudiar detenidamente si de verdad necesitan producir un componente mediante fabricación aditiva, teniendo en cuenta el coste, la productividad y la practicidad de incorporar esta tecnología a su proceso. En muchas ocasiones, el mejor método consiste en producir y obtener piezas de la forma tradicional, es decir, realizando el pedido a un proveedor de confianza.

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